viernes, 23 de mayo de 2008

Se abre el telón

Aquí van la clase de cosas que nunca pondremos en un tríptico comercial.
Que servidora esté despierta a estas horas cuando son exactamente las cuatro y doce minutos de la madrugada, no es bueno. Que decida inaugurar oficialmente el blog de esta recién parida compañía (o comparsa) de faranduleros, menos aún. Y si digo que tengo al lado una botella de Ribeiro con denominación de origen de Valdeorras, peor.
Mecachis, el domingo es el gran premio de Mónaco y yo con estos pelos. Debí empezar el blog con algo más glamuroso, ahora seguro que no nos va a contratar nadie... Un día escribiré largo y tendido sobre el por qué de mi pasión por la Fórmula 1. (La Fórmula 1 y el teatro, ¿cuándo se unirán para convertirse en el vicio definitivo, ¿eh?, ¿eh?)
Pero supongo que no hemos creado este espacio para decir cosas bonitas, de la misma manera que no hablamos de cosas bonitas en nuestros montajes. Y MOTHS es un ejemplo de ello. Me comentaba Laura (autora) esta mañana, que cierta persona le había dicho que nuestro montaje es "puro". Nada más lejos de la realidad. Si algo he rechazado de plano a lo largo de estos años de peregrinación por La Innombrable es la supuesta "pureza" o limpieza del teatro. Por Dios, hay que ver los términos que usamos cuando nos queremos poner pedantones. "Limpieza". ¿Qué somos? ¿Nazis? Además, salvo que uno sea un niño burbuja o el mayordomo de Tenn, la limpieza absoluta es una utopía y un fraude. Y por supuesto, no es deseable. Es insana. Así están los niños de ahora, machacados por alergias, intolerancias y demás complicaciones. ¿Y por qué? Porque sus papás no los llevan al campo de vez en cuando a rebozarse en la hierba y perseguir chuchos y gatos salvajes hasta caer rendidos. Es cierto eso de que tengo idealizada mi infancia...
En fin. La conclusión: la porquería no es tan mala como nos quieren hacer creer. Nos ayuda a mantener activas las defensas y, por si fuera poco, crea en el espectador una ambigua sensación de desequilibrio, estimulante, inquietante y morbosa. Porque los espectadores somos unos morbosos, no cabe duda. Y la limpieza no excita ese lado nuestro tan políticamente incorrecto. Ah, pero es ver un obstáculo o algún acecho en el espacio escénico y pensamos:
¿estaría eso preparado? ¿se darán cuenta de que el pastel de carne que estrellaron contra el suelo en la escena 2 sigue ahí, ahora que vamos por el tercer acto? ¿se hará daño el actor si se tropieza contra esa silla medio recostada que apenas se ve en la oscuridad? ¿podré verle la teta a la actriz si se le vuelve a caer la manga del camisón...?
Y no es que seamos unos tristes, no. Más bien al contrario. En realidad, vamos al teatro para VER estas cosas. Para olerlas y sentirlas cerca. De hecho, queremos ser partícipes de todo ese riesgo. Cuando existe ese clima sobre el escenario, estamos con los personajes. Una parte de nosotros encontraría divertido que a la actriz se le resbalase de verdad la manga para poder verle una teta, sí, pero el verdadero espectador entiende que en la posibilidad es donde radica la gracia, y por tanto la magia. No en que eso pase de veras. No en que el actor se mate si tropieza con ese objeto que hay volcado sobre el escenario. No queremos que se haga daño: pero la posibilidad está ahí, nos contempla, y nosotros a ella. Y eso sólo puede pasar en el teatro. Y eso es magia.
Esta es la clase de morbo que siente un buen espectador. Es un morbo positivo, dionisiaco y ancestral. Y que algunos me lo quieran quitar me parece una mamarrachada.
Así que, no, MOTHS no es puro. No es limpio. Qué va. Grita con una flema de mala hostia desde las entrañas de Virginia hasta las cadenas de terciopelo que le imponen a Vanessa. Se revuelve contra todo orden, por boca de Clive (¡EL ARTE DEBERÍA SER POR NORMA ACCESIBLE A TODOS LOS HOMBRES, -COJONES-!) y Roger (víctima no, un privilegiado). Y contra lo que algunos pensaron, no nos dedicamos a jugar a las casitas ni a imitar a Chejov con mesas camilla. Si hay que decir alto y claro que todo es farsa, que todo es teatro, pues se dice, y a los ojos:


El episodio de hoy ha sido "El morbo y la furia", por titularlo de un modo muy alterguay y de referencia literaria. Tengo mucho de lo segundo últimamente. En próximas ocasiones trataté el asco, el sexo, el silencio, el fracaso y, con suerte, el amor.
Sed buenos, o Vanessa aparecerá junto a vuestra cama gritando ¡POSTIMPRESIONISTA! y os morderá el culo. Tal que así:


Y ahora, Angélica, échame la bronca.

1 comentario:

KarlMarx dijo...

Qué desvarío más maravilloso. Bienvenidos todos!






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.