miércoles, 28 de mayo de 2008

Yo llegué para quedarme

Por fin he conseguido sacar un ratito para dejar mi huella en este blog, que por otra parte es de todos nosotros. La innombrable a veces no nos deja ni tiempo para poder expresarnos, es curioso que en una escuela de creación esté mal visto crear. No sé cómo sentará entre los miembros externos o internos de la susodicha, el Tinglao en el que nos hemos metido (y me da igual, ¡qué demonios!) pero hay cosas que en esa santa sede no se perdonan.
Pues a lo que iba, yo como autora (ODIO LO DE SEÑORA DRAMATURGA, porque ni señora -a Dios gracias- ni de momento dramaturga) he conseguido lo que todo autor desea en su vida, distribuir lo que he creado y formar parte de un núcleo que creo (y espero y deseo y confío) comparten puntos de vista equivalentes en torno al arte e incluso en la forma de ver la vida, y eso, amigos es un auténtico placer.
Sé que desde mi podium impuesto o autoimpuesto (va por usted Fátimilla) de autora -insisto- puedo recordar levemente a la madrastra de Blancanieves pero en versión viejecita, cuando yo me pido la versión divina, es casi inevitable, es la máscara, la excusa para no exponer más de la cuenta lo que ya se ha expuesto en el texto. Este texto nació una necesidad profunda de hablar, a mí que me cuesta tanto, y de reflexionar acerca de cosas muy unidas a mi vida y sobre todo a mi generación.
No sé qué opinan los actores, porque a ellos les cayó el encarguito como el cielo a los galos, sobre la cabeza.
Sirvan estas palabras para reconciliarme con este momento presente y con este camino que se nos abre, para así perder el miedo y sonreir un poquillo (que falta me hace)
CON SUMO AMOR...

1 comentario:

fatimapeon dijo...

Bienvenida, hermanita. Sonríe, mucho y bien, porque no tienes motivos para no hacerlo, al menos no cuando estés entre nuestra pequeña familia. Las polillas ya echan a volar, como hijos que se nos escapan del regazo. Así que disfrutemos del vuelo.






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.