viernes, 27 de junio de 2008

Mi regalo de cumpleaños


Gracias, Laura.

He ido a recogerlo el último día del plazo, pero he ido. Ahora bien, no sé si leerlo... ¿se nos caerá el mito de la diosa Vanessa? Quizás la venganza verdadera de Angelica haya sido el mito en sí mismo.

<< Al ya abultado corpus de documentos, testimonios, recuerdos y análisis viene a sumarse Una mentira piadosa, autobiografía sesgada de Angelica Garnett, hija de Vanessa Bell. Desde el ventajoso mirador al que no sin dolor pudo auparse Angelica Garnett, medio hermana de Quentin Bell -sobrino de Virginia Woolf y biógrafo "oficial" del grupo Bloomsbury-, gracias al hecho de ser un componente fundamental de la segunda generación del grupo, Garnett traza una parábola, o un arco que va de la ternura a la crudeza: entre el cariño y el despojo oscila esta historia de verdad. No es el suyo un arco iris ni un camino de rosas: su relato, hecho de la carne misma de su vida, no cae en la tentación del ajuste de cuentas con la generación de sus mayores; no pierde la muy justificada ocasión de criticar los restos residuales de hipocresía que detecta en su manera de ser y de hacer; pinta con magistral pulso narrador la cara oculta de Bloomsbury: traza retratos valiosísimos de Duncan Grant, Virginia y Leonard Woolf, Roger Fry, Clive Bell y sobre todo, Vanessa Bell, madre de Angelica, su espejo o contrafigura. En definitiva, escribe un "Tratado del Engaño", con mayúsculas, desde el punto de vista de la víctima.>>

1 comentario:

Laura dijo...

NO hay de qué, o como se dice en italia: prego.
Para mí es una suerte haberte encontrado por muchas cosas pero sobre todo porque eres una gran compañera, no sólo amiga o colega.
Léelo pensando que Vanessa era al fin de al cabo humana y como tal también sabía hacer daño.
Te quiere,
laura






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.