jueves, 12 de junio de 2008

UN PUTO 9

Queridos compañeros de blog!
hoy se han convertido en un día triste para mí. Han salido las notas del taller fin de carrera y ¡tachán! mi temores se han materializado: un puñetero, triste y ¿por qué no? mediocre 9.
Dirán ustedes que un 9 es un 9, que no me queje porque en definitiva es un sobresaliente. Ya...
Mi currículo en la Innombrable está plagada de historias semejantes, todos valoran mi inteligencia, mi trabajo mi actitud... pero a la hora de las notas... al final, prima lo que prima, y lo que sea eso, yo no lo tengo.
Vale, mientras hablo de irrisorias notas, en el mundo se están dando de palos por el combustible pero cuando has invertido esfuerzo, ilusiones y cuando por primera vez en tu p.... vida confías en algo, llega la Innombrable y te corta los pies a la altura de la garganta. Sólo funcionan los lloriqueos y el amaneramiento vital.
Está claro, que al menos en las especialidades de Dirección y Dramaturgia si quieres triunfar (atención, consejo útil para pipiolos) has de llevar un atuendo externo e interno a lo que se espera de ti, es decir la intangible pero destelleante aureola de quien ha nacido para perdurar, por encima de: ¡Y todos vosotros... MEDIOCRES! y del: me ha gustado lo que has hecho pero... (porque para ellos siempre hay un pero que significa -yo lo habría escrito o dirigido mejor, cacho perra- ).
Sí, claro que sí, esto es una pataleta que he tardado 4 años en digerir y por eso, en este momento clave os la muestro, para quedarme tranquilita.
Odio la escuela, la zafiedad de quienes no han creado en su vida o crearon cuando tenían doce años, odio la burocracia que sólo pone trabas, odio la falsedad que abunda por los pasillos, odio la comida de la cafetería, los grititos en los vestuarios, el olor a rancio ¡leñe!.
Y que sepáis que merecía el 10, lo defiendo ante quien haga falta.
PD: Y AHORA A LLORAR UN RATO PARA QUITARME DE ENCIMA ESTA TERRIBLE SENSACIÓN DE FRACASO.
Mantengo lo del incendio y que parezca un accidente.

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“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.