miércoles, 20 de agosto de 2008

Se desvela el misterio




Ante los requerimientos de mi querida directora, voy a explicar de una vez y para siempre el porqué del nombre de la compañía. No es ni mucho menos un nombre sadomasoquista como nos achacan algunos, ni falsamente modesto, ni siquiera irónico en el estricto sentido.


Elegimos YOLAPEORDETODAS por una causa muy especial. Como creadoras no hemos surgido de la nada, es demasiado común en los tiempos que corren alardear de los méritos obtenidos y de la revolución que ello implica, pero no podemos olvidar que antes de nosotras hubo quien se dejó la piel (literalmente) por defender sus ideas, su trabajo y su condición.


Sor Juana Inés de la Cruz puede considerarse un claro ejemplo de todo este esfuerzo.


No voy a convertir esta entrada en un celebritie aunque me gustaría narraros quién fue Sor Juana y lo que significa en el mundo literario.




Juana Ramírez de Asbaje nació en México en el año de 1648. Nació de una madre analfabeta quien administraba su propia hacienda. Su padre estuvo siempre ausente de su vida. Fue su abuelo quien la inspiró a explorar su inteligencia. Juana aprendió con gran facilidad y triunfó en cualquier cosa que se propuso. Aprendió a leer antes de los 3 años de edad. Frecuentemente se autocastigaría por no aprender lo suficientemente rápido cortándose el pelo. Le imploraba a su madre que la vistiera con ropas masculinas y la dejara ir a la Universidad de México, pero su madre se negó por su edad. Deseaba desesperadamente realizar estudios avanzados; por esta razón, aprendió por sí misma latín en veinte lecciones.


Pronto se supo de la increíble inteligencia de Juana. Juana fue invitada a la corte del Marqués de Mancera. Allí, ella fue puesta a prueba por cuarenta filósofos, teólogos y eruditos. Los cuarenta hombres quedaron perplejos ante la gran inteligencia de Juana. Finalmente se había probado a sí misma. Por fin la gente reconocía a una mujer intelectual en un mundo donde la mujer era oprimida y minimizada.
Fue invitada a permanecer en la corte y mientras tanto, se le solicitó que escribiera poesía para eventos sociales y políticos. Juana escribió al concentrar sus conocimientos en matemáticas, lógica, música y teología. Esto de seguro atrajo la atención de enemigos puesto que vivía en un ámbito donde la inteligencia era solamente asociada al hombre, pero por el momento, contaba con ¨protección real¨ ya que era amiga del Marqués y podía continuar escribiendo sin temer amenaza alguna.
Tiempo después, en el año de 1667, Juana se unió a la Orden de las Carmelitas Descalzas, ingresando en un convento, pero un año y medio más tarde aproximadamente, dejó el convento e ingresó en uno nuevo; el convento de la Orden de San Jerónimo. Una de las razones principales por las que ingresó al convento no fue para estar cerca de Dios, sino para escapar del matrimonio.
El convento de la Orden de San Jerónimo fue donde ella viviría hasta el final de sus días. Este nuevo convento no era tan estricto como el convento de las Carmelitas. Allí contaba con habitaciones que asemejaban apartamentos. Fue allí donde enseñó música y drama a niñas. Durante su permanencia en aquel lugar, continuó escribiendo para el Virrey y adquirió una gran librería. Cuando el tiempo de servicio del Marqués llegó a su término, el Marqués de la Laguna y su esposa, María Luisa, tomaron su lugar. Debido a la cercanía en edad, Sor Juana y María se hicieron grandes amigas. María Luisa ayudó a Sor Juana a publicar alguno de sus trabajos. Cuando el tiempo de servicio del Marqués de la Laguna concluyó, Sor Juana no contó más con la ¨protección real¨ que le permitía defender su vida intelectual.
No tomó mucho tiempo cuando hombres envidiosos la atacaron. Se le solicitó de forma anónima criticar un sermón. El sermón atacaba a los judíos y el sacerdote se jactaba de que su sangre era mejor que la de los judíos. Ella escribió Carta Athenagórica pero nunca la publicó. Sin su conocimiento, el Obispo de Puebla publicó Carta Athenagórica, bajo el nombre de Sor Filotea, con su propia introducción y acusando a Sor Juana de ser inmadura y estúpida.
Pronto, Sor Juana publicó La Respuesta en la cual defendía sus derechos como mujer y su derecho a la educación. Presentó sus pensamientos en torno a la igualdad del hombre y sus reflexiones acerca de la educación de la mujer. Fue esta respuesta la que concluyó con su carrera como religiosa intelectual. Bajo la amenaza de persecución severa, fue forzada a detener sus escritos y Sor Juana vendió sus cuatro mil libros e instrumentos musicales y científicos.


Sor Juana fue obligada a firmar con su propia sangre ¨Yo, Sor Juana, la peor de todas.¨ Nunca escribió de nuevo y dedicó su vida al cuidado de los demás. Cuando las fiebres se extendieron por México, ella se contagió mientras atendía a una de sus compañeras religiosas.




Ha pasado a la Historia con los significativos nombres con que la critica la ha bautizado: 'La Décima Musa","Fénix de México" y "La Monja Mexicana".




Por esta vida tan dura y porque fue una de las primeras y más apreciadas (aunque el paso del tiempo siempre pesa más sobre las mujeres) poetisas, intelectuales y dramaturgas decidimos escoger el nombre para la Compañía.


Nuestra vida no va a ser tan dolorosa porque por fortuna, hemos nacido en otro siglo pero algo de los que ella pudo sufrir enfrentándose a la censura nos suena y nos resulta familiar. Siempre habrá alguien presto a emitir un juicio fácil y destructivo por atrevernos a ser NOSOTR@S y por ser jóvenes. Sólo de nuestros antepasados aprenderemos a no repetir errores.




Dejo, de paso uno de los poemas más conocidos de Sor Juana y desde luego, de los más elocuentes.


REDONDILLAS

Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?


Combatís su resistencia
y luego, con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.


Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.


¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?


Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.


Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.


Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.


¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?
,¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?


Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.


Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?


¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?



¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.


Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.





1 comentario:

fatimapeon dijo...

Grande, Lau. Sor Juana nos gusta porque fue peligrosa, rara, porque metía miedo a los más grandes criminales de la historia: los ignorantes. Un poco como Virginia y Vanessa, o como todas las mujeres (y algún hombre también) que se saben la peor de todas ante los ojos del mundo, pero hacen de la resistencia una forma de vida.

Por tanto, este nombre es un honor y supongo que deberíamos llevarlo con toda la responsabilidad que ello conlleva.

Por eso y por mucho más seguiremos siendo los y las peores de todas, y a mucha honra.






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.