martes, 16 de septiembre de 2008

Publicidad de la buena


Queridos niños:
Después de haber disfrutado del humor y desparpajo que la señora dramaturga ha desplegado sobre mi asunto molar, vengo a hacer publicidad de la buena. No me pagan por ello, pero es que soy así de prima.
Los que tenéis ojos en la cara habréis observado que en los links de este blog (hilos en el tiempo y en el ciberespacio, abajo a la izquierda), hay mayoritariamente enlaces a webs y blogs relacionados con el teatro, pero también algo de cine, frikadas y páginas personales de socios y amiguetes.
Las frikadas son, por supuesto, una iniciativa personal. Yo, por ser novia de geek, fui convertida a la religión verdadera a través del amor y ahora me he convertido en un monstruo (mutante, of course). Pues bien, desde esa experiencia religiosa intransferible, vengo a recomendaros una nueva serie que se va a estrenar en breve en La 2: Plutón Verbenero, de Álex de la Iglesia. Dicen que será la primera sitcom de ciencia ficción en nuestro país, y aunque muchos ya la bautizan como las aventuras de Pajares y Esteso en clave espacial, yo quiero creer que se trata de un salto cualitativo (e imaginativo) en la ficción patria, y que pronto podremos mirar de tú a tú a las más altas cotas del storytelling televisivo (tómese como ejemplo esta brillante joya que venero con toda mi devoción cuántica: Battlestar Galactica).
Me he emocionado, lo siento. Esto, bueno, si PLUTÓN sólo resulta ser un cachondeo entretenido, también valdrá. Desde aquí, las gentes del teatro aplaudimos tan valeroso riesgo. A ver si algún día podemos seguir el ejemplo.





3 comentarios:

Anónimo dijo...

pues esta habrá que verla.

M dijo...

no pretendia ser anonimo, perdon.

M; dijo...

no pretendia ser anonimo, perdon.






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.