miércoles, 1 de octubre de 2008

De anuncios, duendes, aspirinas y compañeros



Todavía no puedo decir por qué, pero a pesar de haber publicado nuestra convocatoria de audiciones para La Enfermedad de la Juventud, es muy posible que tengamos que retrasarla hasta nuevo aviso. Y no puedo dar explicaciones porque estamos pendientes de uno de esos golpes de fortuna que te ofrece la vida de vez en cuando, capaces de convertirse en una bendición, o bien en una oportunidad perdida que te hace hundirte. O puede que no, y nos haga salir a pelear más fuerte. Todo depende de lo profundo que sea el golpe, de que te dé tiempo a localizar la herida. Por suerte, lo que venga, habremos de pasarlo juntos. Pero, por ahora, discreción y prudencia.

No se preocupen los implicados en el proceso de selección para La Enfermedad, que serán puntualmente avisados por mail. Por cierto: muchísimas gracias por la respuesta masiva al anuncio, de verdad. Nos estamos quedando alucinados con el colapso que tenemos en el mail. Seguid enviando currículums porque los miraré todos y cada uno con muchísima atención, lo prometo, no sé de dónde sacaré el tiempo, pero lo haré, palabra.

Los días están siendo duros últimamente porque empieza el curso escolar y muchos compaginamos la vida de estudiante con los trabajos de supervivencia, y otros directamente empalman dos o tres trabajos (o incluso más de una carrera) con lo que toque hacer para estar al día con los proyectos. Sobre La Enfermedad, por ejemplo, hay pocas novedades. Puedo decir que a día de hoy sólo hay un personaje adjudicado (a buen recaudo en las manos de Ana, sin duda) Repetirá (¡cómo no!) nuestra adorada Carolina y mi jardinero fiel, Ángel, aunque sus personajes aún no han sido adjudicados.
La adaptación del texto es difícil porque la única traducción que hemos conseguido es una edición argentina del año 1959. Así que, a Laura no sólo le toca trabajar una versión propia del texto, sino limpiarlo de modismos. A esto se suma la necesidad de empezar a pensar en conseguir no sólo un reparto adecuado sino un equipo artístico con suficiente arrojo como para subirse a nuestro camarote Marxista (con mayúsculas por ser de la rama Grouchista).
Y todo esto, claro, pendientes de los duendes...

En definitiva, llegas a casa con los pies machacados, se te acumulan las lecturas, las llamadas pendientes, los mails que hay que responder, las clases que tienes que preparar para impartir o los apuntes que tienes que ordenar de aquellas a las que has asistido, te llaman del trabajo, no te llaman, te subes por las paredes esperando una llamada de teléfono o te acuerdas de tus amigos, de tus compañeros, y sólo esperas darles una buena noticia pero sabes que nada está en tus manos. Y no entiendes nada. Y te preguntas por qué estás en esto. Y te rascas. Y escribes. Y borras lo que has escrito. Y vuelves a leerte las bases de las subvenciones para levantar la compañía, y vuelves a mirar esos requisitos estratosféricos para entrar en la red de teatros. Y no entiendes nada. Y casi, casi, sí, te arrepientes. Y casi te agotas. Casi te rindes. Casi te desesperas y le pides una aspirina al de al lado.

Y luego, sin más, tal como viene la furia, se va. El resorte suele ser algo sencillo, algo cotidiano, algún recuerdo. Y te quitas los zapatos, lees, haces las llamadas, respondes los mails, preparas las clases, ordenas los apuntes, te llaman o llamas, te sigues subiendo por las paredes (pero ya no importa, es un ritual), y te acuerdas de los amigos, de los compañeros. Y entiendes algo. Poco, pero algo. Y sabes por qué quieres vivir un día más para seguir en esto. Y también que algún día volverás a arrepentirte y no entenderás nada. Pero quizá, para entonces, ya sepas pararle los pies al miedo.





1 comentario:

Laura dijo...

¿Tienes una aspirina?
yo también llevo subida a las paredes desde ayer y no sólo por nuestra llamada... en mi caso las llamadas se multiplican y la ansiedad con ella.
Hermanita... ¿merezco esto?
un beso






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.