lunes, 20 de octubre de 2008

La música en MOTHS: mapa de la emoción

Permítanme un momento semi-serio y autobombástico. Estoy a vueltas con eso que llaman procesos de la dirección, y claro, es inevitable que por una vez me ponga seria. Hoy toca una reflexión sobre un aspecto de esos procesos. Cada cual afronta el abordaje de una obra con formas y métodos diferentes, de eso no cabe duda, aunque en un medio como el teatro todos solemos priorizar lo visual (como debe ser) y conozco muchos directores que lo primero que se arman es una buena biblia de la obra o visual book. Yo, en cuanto a imágenes, suelo quedarme con cuatro o cinco cosillas. Y, sin embargo, tiendo a priorizar la búsqueda de material sonoro por encima de cualquier otra cosa. No se trata ni siquiera de sonidos o canciones que vaya a utilizar en la obra (no tiene por qué), sino temas y ambientes que me ayuden a imaginarla.
La música me dispara la imaginación y por eso siempre recurro a ella, casi como primera fuente de recursos para una puesta en escena. A lo mejor no todo lo que busco y oigo a lo largo del proceso se queda en el montaje, pero tiendo a machacar a los actores en los ensayos con algunas canciones que me resulten evocadoras de una situación, o un personaje, y retengo esas sensaciones para intentar hacer análisis más certeros. La música es un lenguaje universal y completamente destinado a estimularnos, así que siempre me ha parecido ideal para hacer aflorar la verdad en los actores. Los pobres me aguantan como mejor pueden, supongo.

Ahora que atravieso este proceso con La Enfermedad de la Juventud, intentando encontrar la clave musical que me ayude a descifrar el código secreto de la dramaturgia de Bruckner, recuerdo con mucha intensidad la música que utilizamos en MOTHS - Mariposas Nocturnas porque fue mi aliada desde el minuto cero. En una obra dramática de una intensidad emocional del 150% como es MOTHS, la música (o el espacio sonoro al completo) no era solamente un aporte al conjunto de la puesta en escena, sino que debía tener vida propia, casi como si se tratase de un personaje más. Por eso era cambiante, sin un género definido, como la obra misma resultaba contemporánea a veces y engañosamente clásica en otros momentos, pero siempre emocional, sensorial y oscura. En MOTHS, la música se personaliza con cada personaje, los encumbra o los hunde, y, de esta forma, como espectadores realizamos un proceso de identificación doble: la música que oímos es un reflejo de lo que siente el personaje al que vemos. Cuando Virginia entra enferma y destrozada en la penúltima escena, y lejanamente suena un cello quejumbroso que se apaga al mismo tiempo que Vanessa entra apresuradamente en escena, nuestra intención es sentir la agonía que Virginia sufre por dentro, a pesar de que no ha dicho una sola palabra. Sentíamos a Virginia a través de cellos, violines agudísimos puestos al límite, acordeones graves y disonantes por momentos, cambios de ritmo bruscos, percusiones acusadas... Virginia es la inestabilidad y la fragilidad, con una peligrosa mezcla de belleza, y como tal la oímos. El sonido es extradiegético porque no pertenece al mundo de la ficción, está claro, pero en realidad no lo es tanto si nos paramos a pensar que nuestra intención fue siempre personalizar el espacio sonoro a tiempo real con lo que sucede en escena.
Cuando es Vanessa la que hace suyo el sonido, el panorama cambia radicalmente. Suenan melodías aparentemente antiguas que transforman los gritos de los violines en caricias y ternura (la que Vanessa necesita para curarse), y su metamorfosis se cumple finalmente con una demostración de determinación que se refleja en la voz Björk. La descodificación del mensaje final está destinada sólo a aquellos que sean capaces de notar la amargura de las palabras de Vanessa, tan cargadas de ironía como una canción aparentemente boba como "All is full of love".
Cuando los hombres hacen acto de presencia, la música juega, igual que ellos, al engaño. La primera aparición de Roger es un recurrido rizoma de violines y violoncellos pseudo elitistas, un reflejo del manido cliché bohemio del que Roger acabará haciendo mofa. Clive es más oscuro. Su mundo de farsas caballerescas es un bucle de un piano que casi se toca con pereza, con desgana, puede que incluso mal afinado, aunque Clive baila al ritmo de su música repitiendo una y otra vez sus mantras artísticos, lo mismo que el lunático cuando aúlla a la luna.
A veces no todos los espectadores entran en estos códigos, ni mucho menos. Pero la experiencia de Mariposas me hace querer dar un pasito más en lo que la música tenga que decir en La Enfermedad. Nuestra integración entre emoción y espacio sonoro en MOTHS fue máxima, al menos desde el punto de vista del equipo. Hacer partícipes a los espectadores de esa comunión no es más que otro de nuestros múltiples objetivos. El tiempo dirá si todo esto no es más que una paja mental, o si de verdad conseguimos hacerles sentir algo, por pequeño que sea.


Algunos artistas y piezas utilizadas en MOTHS:

1. Aranis es un grupo belga muy poco conocido ya que no tienen discográfica y han autoeditado todos sus discos. Su sonido es de una belleza insólita, puesto que mezclan el uso de instrumentos clásicos con ritmos y cadencias más propias del rock o la música ambiental. El resultado es una delicia oscura y melancólica que era el sonido ideal para MOTHS. Usamos varias piezas suyas, sobre todo para asociarlas a Virginia.


Vala (en directo y con un sonido malo).
Una pieza impecable, sonaba en la transición a una escena crucial: la cena.


Jona. Una buena grabación.
No la utilizamos en el montaje pero siempre la tuve presente.


2. Max Richter es un compositor alemán afincado en Londres que practica un minimalismo a caballo entre lo comercial y lo alternativo, y que se mueve más o menos en las mismas aguas que compositores como Philip Glass o Craig Armstrong, aunque, en mi humilde opinión, es el mejor de los tres. Es mi músico de cabecera hoy por hoy, y probablemente alguna pieza suya tenga hueco en La Enfermedad.


On the nature of daylight. Sobrecogedora y hermosísima.
Es casi un "love theme" para Vanessa y Virginia. O sin el casi.


3. Björk. ¿De verdad tengo que decir algo sobre ella?


All is full of love. Una versión en directo para variar un poco.
No hay final feliz.



No son todos los que están, no están todos los que son, pero para ilustrar mi paranoia del día creo que es suficiente. Con La Enfermedad los planteamientos serán bien distintos. Pero mi cabezonería será la misma.

Ni que decir tiene que como aún no somos oficialmente profesionales (oficiosos sí, oficiales no, capítulo al respecto otro día... ), no hemos tenido que pagar derechos. Aunque legales somos, y SÍ hemos intentado contactar con todos ellos para informarme de cuánto habría que pagarles, llegado el caso. Y aún estamos esperando, que conste.




4 comentarios:

plauto dijo...

Conocía a Richter pero no a estos interesantes y "dark-wave" Aranis. Muy interesante explicación. Ahora me gustaría poder ver la obra. Saludos armónicos.

Laura dijo...

Tengo morriña de mariposas

fatimapeon dijo...

Mariposas fue (es) un ser vivo que sigue palpitante. A unos nos tocó más que a otros, pero sigue ahí, y creo que todos la queremos ver crecer y echar a volar. Y, como tal, cuando llegue la primavera, volverá. Que duerma el frío invierno para salir luego con las alas más hermosas que nunca... Y si no, al tiempo, pero volverá.

HadaJones dijo...

Yo tambien echo a Vanessa de menos...me ha dando tanto...






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.