jueves, 16 de octubre de 2008

Y se acabó el silencio


A todos sin excepción. Ninguno merece estar en cunetas polvorientas y colinas sin nombre. Los seres humanos tenemos memoria de pez y volveremos a repetir la misma historia como no recordemos a todos y cada uno de ellos. Sus tumbas. Sus nombres.

Por una vez, ¡bravo, Superjuez! Tráigalos a todos a casa de una vez por todas. Llegan muertos, llegan tarde, llegan ya demasiado maltrechos esos huesos para hijos que se murieron sin saber dónde estaban sus padres. Llegarán tarde, y aún así, llegarán.

Y tráiganle a casa también a él, porque es nuestro y de todos. Porque se lo debemos.




"(...) Bernarda: Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) Las lágrimas cuando estés sola. ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!"

F.G.L. Día viernes 19 de junio, 1936.

2 comentarios:

LAURA dijo...

Como yo ando inmersa en una búsqueda similar y mucho más personal no puedo menos que gritar tres HURRAS por Garzón.
Y que se jodan bien jodidos aquellos que claman por dejar las cosas como están, que insultan al abuelo de Zapatero o que se niegan a que tocan sus sacrosantos terrenos. QUE SE JODAN.

fatimapeon dijo...

Fragasaurio ya está temblando, no vaya a ser que lo empapelen. Qué bonito sería, madre, qué bonito, y por eso mismo qué mala espina da todo esto...






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.