sábado, 8 de noviembre de 2008

El veneno del teatro

El otro día Laura escribió unos pensamientos de lo más acertados en su blog. Los que hemos tenido el placer de leer y escuchar obras escritas por ella, sabemos que donde pone una palabra pone la bala. Pensaréis que digo estas cosas porque es mi amiga y mi mano derecha, pero si de verdad habéis tenido la oportunidad de leer o ver en escena una obra de Laura, creo que entenderéis que no estoy siendo parcial, precisamente. O no.

Los escritores estáis para que se os cite, así que espero que me perdones el atrevimiento, Santa:



"Estamos locos.

Rematadamente locos.

Locos de atar en la nave de los locos (donde el tuerto es el rey, así que, imaginaos).

LOCOS.

Quedamos con gente a la que no conocemos y pretendemos conseguir que se unan a nuestra locura, a nuestro despilfarro energético. Les queremos contagiar.

Caminamos largos pasillos, subiendo y bajando empinados tramos de escaleras para que nos digan una y otra vez: vuelva usted mañana.

Y seguimos adelante.

Hojeamos libros en busca de carne fresca a la que hincarle el diente y cuando no la encontramos o no es de suficiente calidad... la cazamos nosotros mismos.

Lloramos a mares, antes de tomar decisiones, durante el proceso y por supuesto tras el climax. El escenario supone un pico aún más grave de nuestra locura.
Reímos como posesos hasta que nos duele el pecho de amor y de odio, hasta que se congela la mueca.

LOCOS por vislumbrar en una frase un objetivo o una intención oculta, locos de atar por buscar en el Rastro un asqueroso trozo de tela capaz de transformar a la actriz en una princesa, locos por vivirlo todo con intensidad y dejar a veces, a un lado nuestros sentimientos reales.

Pero cuando se invierte el tiempo en compañía de unos locos semejantes cuya medicación aún no se ha inventado y cuya recuperación parece imposible... ¿qué es lo real? porque esto es nuestra vida.

EL TEATRO ES NUESTRA VIDA. Y nos invade el cuerpo como un virus e incluso puede llegar a enfermarnos de verdad dejándonos a merced de un protagonista y su antagonista.


Mi anagnórisis me hizo enloquecer. Y no sé no sé, no puedo saber, sólo quiero ser capaz de crear y de darle vida.

Estoy loca... qué le voy a hacer..."



¡Amén!

1 comentario:

Laura dijo...

De nada, Cabra.
Eso de que te cite sin estar muerta (pero sí con jaqueca) y sin ser político, es un lujo.
Yo también te quiero. Tu eres mi mano izquierda, que para eso soy zurda.






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.