lunes, 26 de enero de 2009

Entramos juntos



Ya sólo nos queda la recta final...


Hablando sobre la primera vez que asistió a un ensayo de otro director, concretamente de Robert Wilson en el año 79 en Nueva York:

<< (…) Después, Wilson le pidió a la actriz que se acercase a él, pera enseñarle lo que él quería que ella hiciese. Se lo enseñó sentado en la silla, con el cuerpo inclinado hacia delante y con un leve movimiento de los dedos de la mano. Después ella ocupó el sitio y reprodujo con precisión la postura y el movimiento de los dedos. Me di cuenta entonces de que yo también había adelantado mi cuerpo en la silla en la que estaba sentada, muy angustiada. Al no haber visto antes a ningún director ensayando, sentía como si me estuviese entrometiendo en un acto muy íntimo y privado de otras personas. Y aquella noche me di cuenta de la crueldad implícita de cualquier decisión.

Aquel acto transcendental de colocar un objeto en escena con un ángulo preciso, o la de fijar un gesto que la actriz hacía con la mano, me pareció una suerte de violación. Me pareció desagradable. Pero, en el fondo, sabía que aquel acto de violencia era una característica fundamental de todo proceso creativo.

El arte es violencia. Tomar decisiones implica violencia. Antonin Artaud definía la crueldad como “resolución implacable, presteza, rigor”. Al colocar la silla en un lugar determinado de la escena, eliminamos cualquier otra opción, cualquier otra posibilidad. Cuando un actor, en los ensayos, logra una solución original, brillante o espontánea, el director pronuncia las palabras fatídicas: “fíjala así”. Con lo que desaparecen otras soluciones posibles. Esa frase tan cruel, “fíjala así”, supone clavar un puñal en el corazón del actor, que sabe que la próxima vez que tenga que recrear lo fijado la expresión será falsa, afectada y sin vida. Pero también es cierto que los actores saben que la improvisación todavía no es arte. Sólo cuando se toman decisiones sobre el trabajo, éste puede comenzar de verdad. Esa resolución, esa crueldad, que elimina la espontaneidad contenida en el momento, exigen que el actor inicie un trabajo extraordinario: resucitar lo que está muerto. El actor debe ahora encontrar una espontaneidad nueva y más profunda para enfrentar lo fijado.

Por eso, para mí, los actores son héroes. Aceptan esa violencia y trabajan con ella, enfrentando el arte de la repetición con habilidad e imaginación.


(…) Temblamos delante de la violencia que exige la precisión. Pero, aún así, sin esa violencia necesaria, no puede haber una expresión fluída. Cuando tengo dudas, en ese momento procuro sacar el coraje necesario para dar un salto: actuar, incluso si no estoy segura de que la decisión sea correcta o apropiada. Contando sólo con un presentimiento, debo asumir el riesgo y sabiendo cuánto arriesgo intento ser lo más precisa que puedo. “Si no puedes decirlo”, escribió el filósofo Ludwig Wittgenstin, “señálalo”. Sintiendo una incertidumbre terrible, siempre intento sacar el máximo partido del momento y apuntar con precisión. Incluso cuando no sé en qué ángulo hay que colocar una silla en escena, intento actuar con la máxima decisión. Hago todo lo que puedo. Tomo las decisiones antes de estar preparada. Esa tentativa de expresarse con claridad resulta heroica y necesaria.


(…) Trabajo en una compañía que está formada por un grupo de artistas que aprendieron a convivir, con generosidad, en un clima de discrepancia. Encontramos una manera para utilizar esa violencia con amabilidad y comprensión. Creo que este enfoque es fundamental en mi forma de trabajar. Al final, la crueldad es un acto de generosidad en el proceso de colaboración. ‘Las ideas no cuestan dinero’, solemos decir en el fragor de los ensayos. Las ideas van y vienen, pero lo que resulta fundamental es tener la capacidad de decisión, y ser quien de utilizarla con claridad y voluntad de comunicación. No se trata tanto de escoger la idea correcta o de tomar la decisión correcta, sino de saber decidir. Intentamos trabajar juntos usando la intuición, como cuando ponemos las manos en la tabla de la Ouija, y entonces, en el momento adecuado, entramos juntos, y entramos a matar>>





3 comentarios:

Marvel Girl dijo...

Esa foto demuestra claramente que los tienes explotados... Eso es hasta denunciable.

fatimapeon dijo...

No tienes ni idea de la razón que tienes... La mirada de Carol es impagable.

Laura dijo...

Los actores son seres maravillosos, sensibles, egocéntricos, infantiles y sabios...
son de otro mundo
pero me gustan






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.