martes, 20 de enero de 2009

Notas de dirección (IV)


1. Hay ciertos días en que deseas no haber elegido algo en lo que necesitas tanto de los demás, en lo que tienes que exigirles tanto, en lo que sabes que esa exigencia es de ida y vuelta y que el día que les falles, lo recordarán siempre.

2. Hay días en que quieres un trabajo de 8 a 3, una silla, una mesa, una oficina, un horario.

3. Hay momentos en que tu cabeza es un embudo donde se amontonan ideas sin forma, gatos pardos y puzzles de tres dimensiones en los que no tienes todas las piezas.

4. Hay semanas en las que no puedes soportar estar dentro de tu piel y no quieres mirarte en los ojos de nadie.

5. Hay segundos en los que te preguntas de dónde viene el dolor, y por qué lo buscas.

6. Hay noches en que no duermes porque dormir te quita tiempo de pensar en todo esto.

7. Hay mañanas en que llegas tarde porque tienes miedo de llegar tarde.

8. Hay momentos en los que te despiertas y hay un dinosaurio a tu lado. Y te preguntas, con cara de gilipollas, por qué no lo has visto antes. Las respuestas siempre están delante de ti. Lo que quieres, siempre lo sabes. Otra cosa muy diferente es que quieras admitirlo.

9. "Aquí está la vida, de una manera u otra"



3 comentarios:

Anónimo dijo...

los trabajos de 8 a 3 no están exentos de todo lo demás

Laura dijo...

Pero un trabajo de 8 a 3 te aporta serenidad mental o al menos un poco más de energía para gastarla en todo lo anterior
ÄNIMO DIRE, esto marcha...

Marvel Girl dijo...

Un trabajo de 8 a 3 es el que tengo yo... y hago mucho teatro. Vivan las Reclamaciones, la Atención al Cliente y su puta madre... que para eso estudié 4 años Arte Dramático. Así que.. tú tampoco te quejes, bonitiña. ¡Mi má! XD

Por cierto, un besote enorme para Nai!!






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.