viernes, 24 de abril de 2009

El horror, el horror

¿Os acordáis que hace unos días dije que si volvía a oír a alguien vender una obra diciendo que es "anti-crisis", iba a hacer alguna locura? Pues quizá ha llegado el momento de ponerme a incendiar contenedores y a destrozar cabinas. Hoy, el ABC (ni más ni menos) le hace una entrevista a Álex Rigola, director de "Días Mejores", y no se les ocurre otra cosa que poner este titular: «Días Mejores» de Álex Rigola, para «reírse en tiempos de crisis».

¿Y todo por qué? Porque el avispado periodista, que es monotemático y una fashion victim (es decir, que sólo habla de lo que esté de moda), pregunta:

-¿Cree que es necesario el humor para desdramatizar los tiempos de crisis que vivimos?
-El teatro se dedica básicamente a la observación de la realidad, que puede ser observada desde el hiperrealismo, es decir, poner un espejo que te reproduce perfectamente cómo eres tú, o poner espejos cóncavos o convexos, con una deformación de la realidad que algunas veces nos hacen reconocernos más que con la propia realidad. Así que una opción es reírse en tiempos de crisis.

Ojo, que fue la primera pregunta que le hizo. El director le dice que es "una opción", y el periodista lo pone de titular. Cierto es que al final de la entrevista, Rigola sufre síndrome de Estocolmo y ya la vende como anti-crisis él solito.

¿Hace falta insistir tanto, en serio, hace falta ser tan mezquinos y machacantes? Vale. Hoy, cuatro millones de parados. ¿Qué pasa, que estamos viendo un filón? Venga, sigamos insistiendo, a ver si conseguimos llevarles a todos al teatro. Pronto oiremos vender a Shakespeare diciendo "ya en El Mercader de Venecia se veían referencias a una crisis económica..."

La crisis, la de verdad, es la espiritual, la de las ideas y la de lo hechos mierda que estamos por dentro. Pero eso no hace falta publicitarlo.

Por Artaud, que paren ya, o me bajo a hacer kaleborroka. ¿Quién se viene conmigo? ¿Doctor Stockman? ¿Alguien?


¡REVOLUCIÓN, YA!



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“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.