miércoles, 15 de abril de 2009

La ciencia inexacta

Muchos de los que hemos estudiado para esto del espectáculo nos vemos obligados a compartir nuestra poca o mucha sabidurida dando clases para subsistir. A niños, a adolescentes, a aficionados... Servidora es profesora en estos tres espectros (como María, o Laura, o Carol que también ha pasado por la experiencia) y, aunque se paga mal y se reconoce menos, lo recomiendo como un ejercicio de humildad enriquecedor porque principalmente te ayuda a quitarte la tontería egocentralizada que suele provocar dedicarte a esto. A través de ellos redescubres por qué te picaba el gusanillo del teatro en tiempos, ese sentimiento tan primitivo y tan bonito que escuelas, putadas profesionales y demás aventuras te han hecho olvidar con el paso de los años.

Pues bien, ayer estaba yo dispuesta a empezar mi clase de teatro con peques de 5 a 9 años (ahí es nada), cuando una de mis jovencísimas alumnas observa que tengo un libro encima de la mesa, y se acerca a él. Torpemente, lee en voz alta la portada: Lecciones para el ac... actor pro... profesional. De Mi-cha-el... Che... chej... che... jov.

Me pregunta mi pupila que "de qué va" el libro. Le digo que es como una especie de libro de ejercicios y problemas de un señor que sabía mucho sobre la actuación. La niña me pregunta si es como un libro de matemáticas entonces, solo que en vez de matemáticas habla del teatro. Le digo que no, porque no es tan exacto como las matemáticas. Entonces, ni corta ni perezosa, agarra el libro, lo abre por una página al azar, y lee todo esto en voz alta (otra vez torpemente, claro, deteniéndose mucho en las palabras difíciles como psicología o subconscientes): Por lo tanto, ambos, cuerpo y psicología, se encuentran en algún lugar de las regiones subconscientes de nuestro espíritu creativo, y cuando se reúnen, hallamos lo siguiente: que lo único que tenemos que hacer sobre el escenario es descubrir gradualmente que cuando la psicología y el cuerpo se encuentran y se unen en nuestra vida subconsciente, tenemos que excluir un elemento perturbador de nuestra profesión, se trata de nuestro intelecto que intenta interferir en nuestras emociones, en nuestro cuerpo, en nuestro arte.

La niña termina de leer, vuelve a dejar el libro sobre mi mesa y me mira fijamente. "Sí que es como las matemáticas", me dice, "porque no he entendido nada".







“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.