lunes, 20 de abril de 2009

La insoportable levedad de la crítica del día después




Se representan estos días en el Teatro Español de Madrid dos obras, una de Chéjov y otra de Shakespeare, dirigidas por el británico Sam Mendes y protagonizadas entre otros por Ethan Hawke y Rebecca Hall. Ni que decir tiene que es el acontecimiento de la temporada por todo el envoltorio mediático de sus impulsores y protagonistas, pero hay algo que me toca profundamente los ovarios en todo esto. Obviamente, yo iré entusiasmada como la que más el próximo domingo a ver Winter's Tale, a dejar babas en el patio de butacas cuando vea a mi querido Ethan Hawke sobre escena, a reconcomerme de la envidia que me generará (sin duda) el talento (y el presupuesto) de Sam Mendes... pero es obvio que una producción con tanto celebritie suelto sufre daños colaterales provocados por la desvergonzada ignorancia de los medios de comunicación (parece que Chéjov no existía antes de que lo mencionasen en ¡¡los informativos de Telecinco!! ¡¡Guau!!).


Por todo esto y muchos otros pensamientos felices, me pregunto...

¿De verdad es necesario contar en la crítica del día siguiente que Pedro Almodóvar estaba allí (oooh); de verdad me interesa saber que Viggo Mortensen iba con capucha para que no le reconocieran (uuuh); y de verdad hace falta no escribir sobre teatro para que la gente lea sobre teatro?

Echo de menos a Haro. Aparte de que era un tío cojonudo, tenía muy mala ostia y muy bien afinada. Y, para colmo, era un sabio del teatro, por eso escribía sobre él, cosa impensable hoy día (¿saber de lo que se escribe? Nooo, qué dices...). Sin duda, él me habría ahorrado esta repugnante sensación de haber perdido el tiempo leyendo el periódico. Que tiene cojones el asunto.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es que lo de El País es de vergüenza, no es una crítica y sí una crónica social firmada por el redactor jefe que de teatro sabe lo justito, pero que el ego lo tiene por las nubes. De todas formas, los dos espectáculos de Mendes tenían más de parafernalia social que puramente artística, y ha sido una pena.

Un saludo

Yolapeordetodas dijo...

De acuerdo en todo.






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.