sábado, 2 de mayo de 2009

Los vampiros son los nuevos cortesanos de la épica





Si Shakespeare viviera hoy día, a lo mejor estaría de guionista en una serie como True Blood (con el permiso del señor Alan Ball), o puede que estuviera escribiendo obras sobre vampiros atormentados que desean ser humanos, o humanos que preferirían ser vampiros.

El caso es que después de pasar la moda noventera de los vampiros románticos, metrosexuales y con acento parisino (Anne Rice, cuánto daño has hecho), por fin nos llegan historias sólidas, con metáforas narrativas consistentes que convierten a los vampiros en los nuevos negros u homosexuales, o en cambio, pueden llegar a defender a un niño maltratado. Estamos en las mismas que hace cuatrocientos años: todo esto no es más que una excusa para contar buenas historias acerca de lo poco humanos que somos los auténticos humanos. Y gracias al cielo.





Esta tarde he visto Déjame Entrar. Totalmente recomendable si uno quiere toparse con una historia original y oscurísima, eso sí. Es tan diferente a todo lo que he visto últimamente, que mejor no digo nada más que, personalmente, me ha parecido maravillosa.

Así que nada, muchachos, que la épica os acompañe, sea vampiril o no.


PD- Ahora que hablo de cine y tele, os advierto que Battlestar Galactica terminó por fin. ¿Os acordáis que dije que era lo mejor que había en televisión? Me retracto. El final es tan malo que consiguieron joder lo que iba para obra maestra. Aviso.

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“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.