lunes, 11 de mayo de 2009

¡Vamos, Laura!


Qué andará tramando...


Nuestra querida señora dramaturga se encuentra en el final del proceso de escritura de su nueva obra. Muchos ya estamos deseando ver de qué es capaz esa cabecita inquieta que tantas alegrías nos ha dado en el pasado, y nos dará en el futuro.

Desde aquí, todo el ánimo de los que aguardamos impacientes para leer y ver en escena, al tiempo, otro texto de la Galletero.

¡Vamos, Laura! ¡Vamos, musas griegas! ¡A ver si os aparecéis y nos mandáis unos buenos giróvagos derviches que nos den fuerzas! ¡Libertad creativaaaarrrrlll!



7 comentarios:

Marvel Girl dijo...

Quiero el DVD de La enfermedad para ayer. Exijo.

Laura dijo...

No hay nada como saltarte unas cañas con tus amigos para que se acuerden de ti...
y no me habléis de giróvagos derviches que tengo que hacer un trabajo sobre sufismo.

HaDaJoneS dijo...

Sufre ahora, yo fui la que lo tuvo que decir. Sufismo is not enough!! Te quiero beibi

Anónimo dijo...

Vamos Laura sal a bailar, que tú lo haces fenomenal, tu cuerpo se mueve como una palmera, suave, suave, su-su-suaveeeeeeee!!!!

Laura dijo...

Su su su puta madre... me queda ná y no tengo tiempooooo

Anónimo dijo...

Yo-ya-he-lei-do-el-ochen-ta-por-cien-to-lalalaaaaa

fpt dijo...

Cómo me jode esto de los anónimos...






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.