miércoles, 7 de octubre de 2009

Soy una hoja en el viento, una ola en el mar, un francotirador en el centro comercial

Rebusco, leo, ordeno, desordeno, creo el caos, rompo, ilumino, pienso, sueño, duermo, grito, encuentro, tacho, muerdo, beso y vuelvo a empezar.

¿No nos habremos pasado?

¿No habremos sido demasiado ambiciosos?

¿O demasiado humildes?

¿O poco inteligentes?

¿Qué son éstas gárgaras con cuchillo entre los dientes y ganas de comerse el mundo sin masticar?

¿Estamos preparados? ¿Y ellos, los de fuera, están preparados para nosotros?

¿O no nos va a entender ni su puta madre?

¿O no me explico bien en los ensayos?

¿O necesito un psiquiatra, un camello y un vale de tienda sexual?

Pues ya está aquí, amigos míos, la locura de jugar a ser. Yo juego a dirigir. No se lo digan a nadie. El que se lo tome en serio, que apague la luz cuando los locos quemen Charenton, cuando yo encuentre la salida o cuando se caiga la RESAD.

Sean buenos. Estudien. Aquí seguimos. Imaginando cómo se puede ordenar el caos.

3 comentarios:

Laura dijo...

No nos van a entender pero hacemos lo que vivimos

HadaJones dijo...

No te preocupes,con la coreografía se va a entender todo

fpt dijo...

Por supuesto que se va a entender. Con la coreografía. Porque van a salir con carteles en la mano también. Y banderas, como en el kabuki. Y de paso, traducción simultánea con sobretítulos y programa de mano de 150 páginas. Ya veréis, ya.






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.