domingo, 29 de noviembre de 2009

domingo, 22 de noviembre de 2009

Fuego en el cuerpo


Nuestra querida Laura ha inaugurado recientemente un espacio donde da rienda suelta a otra de sus pasiones que no es la escritura: la danza. Concretamente la oriental. Laura lleva años como profesora y ahora por fin tiene su propio espacio para poder impartir conocimientos y encontrarse con sus afines.
Le deseamos toda la suerte del mundo y esperamos poder colaborar en el futuro. Y además, todavía nos queda por preparar el pequeño homenaje a SU danza que tenemos en la obra.

Pasen y vean: Danza en Lindaraja.


jueves, 19 de noviembre de 2009

El Proyecto

No es un cartel definitivo ni el título es ni siquiera el final. Pero aquí lo tienen. La imagen se amplía haciendo clic sobre ella.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Querido espectador, dos puntos.






-"¿De qué va la obra?".

¿Cuántas veces le preguntan a una eso? Cuando escribía solía temer la fatídica "¿de qué va tu libro?". Ahora el temor es el mismo, pero la obra no me compete sólo a mí. Sin querer ponerme gilipollas, a veces pienso en contestar esto:

-"¿Desde qué punto de vista quieres que te lo cuente? ¿El de la dirección? ¿El de la dramaturgia? ¿El de los actores?"

Decía Meyerhold que el teatro es un sistema triangular autor-director-actor que por último llega al espectador como receptor de éste triple, y aún así, único mensaje. Estamos tan aplatanados con nuestros procesos, tan con la cabeza metida en el culo, que muchas veces nos olvidamos de que la gracia de todo esto es que el espectador disfrute de un espectáculo sin conocer los trucos.

Aquí jugamos a todo lo contrario. Teatro dentro del teatro, la línea entre el actor y su personaje que aquí hacemos delgada, conscientemente, jugando con la confusión de vida y ficción. Es un arma de doble filo.

Dice mi novia que de una manera u otra en el teatro tendemos (y subrayo tendemos, porque mi novia dice las cosas muy claras y me ha incluído a mí con toda la intención del mundo), tendemos las gentes de teatro, dice ella, a despreciar al espectador mucho más que en otros medios.

Yo no creo que sea desprecio, sinceramente. Los públicos son diferentes, o eso nos creemos, así que hacemos las cosas de otra manera. Dice mi novia, no obstante, que pensamos poco en el espectador. Yo creo que sí pensamos en el espectador. De hecho, cada vez más, lo único que hago yo personalmente, es pensar en el espectador, en ese hombrecillo imaginario que se va a sentar en la sexta fila, o en la cuarta, o en la última, después de un día de trabajo, y que va a ocupar su butaca con una única expectativa: "a ver qué porquería se han inventado los muchachos estos que no conozco de nada." Y lo digo con todo el cariño del mundo, aquí no hay una posición defensiva. Me encantaría que el señor éste disfrutase con nuestra obra, y su mujer, y la señora del abrigo de piel sintética y mi madre (sobre todo mi madre, que no tiene ni puta idea y por tanto es la mejor bara de medir) y el conserje del edificio. De hecho, me gustaría que les gustase más a ellos que al crítico, al ententido, al colega de profesión o a aquel profesor de la escuela que un día me dijo en la cafetería "me has sorprendido mucho, no me esperaba esto (bueno) de ti". Sin embargo, mi conflicto es que me he formado con el crítico, y el entendido, y el colega, y el profesor, y quieren que haga teatro para ellos, supongo, o que les guste a ellos, y no sé cómo hablar de la endogamia Stanislasvkiana-paranoide que reina en este oficio sin perder la atención y el entendimiento del conserje, y de mi madre, y de la señora que huele a laca Nelly y el señor que ha venido porque era gratis. Y eso me hace sufrir, mucho. Y no me deja dormir, como dice Ángel en nuestra obra.... Así que, aquí sí pensamos en el espectador.

Ya nos gustaría, ya daríamos todo lo que fuera porque el espectador pensase, de vez en cuando, en nosotros. Es como el amor no correspondido, es como pensar todo el día en un objeto de deseo que aún no te ha reconocido: sólo posa tus ojos en mí, sólo mírame y hallaré recompensa. Y aún así siempre anhelamos más.

El otro día me preguntaba María sobre su monólogo, si era a público o qué. Si es que no había cuarta pared. En esto que estamos haciendo la cuarta pared no es que no esté, es que le hemos puesto una bomba en la primera escena y no queda rastro de ella. Aquí estamos, expuestos, desnudos, ingenuos casi. O fingimos estarlo, claro, pero eso nunca lo vamos a aclarar del todo, no olviden que al fin y al cabo narramos ficción. Lo mismo es que nos "gusta el riesgo", como le dice Carlos a María en la obra, pero a diferencia de ella, yo no tengo nada claro que conozcamos los peligros.

Mis siete samurais se suben a escena y ríen o se quejan o se remueven cuando intentamos hacerles una simple foto y yo pienso: qué valor. Qué aplomo. Hoy están relajados o aburridos, o de repente se activan y hacen las cosas bien, pero dentro de un par de meses estarán encima del escenario defendiendo ésta propuesta como la primera línea de fuego, la avanzadilla suicida que resiste en las trincheras los primeros proyectiles de la batalla. Meyerhold tenía razón en todo eso del teatro triangular, también reparó en que los actores son los últimos intermediarios entre el mensaje y el público, y cabe añadir que si al público no le gusta, o no entiende, o no comulga con el mensaje, los actores son quienes reciben el NO, o el suspiro aburrido, o el portazo innecesario al abandonar la sala. Yo siempre me puedo esconder debajo de la mesa de luces, aunque sufro cada segundo como si me metiese en sus cuerpos, pero son los chicos los que están obligados a salir a saludar por cojones.

No, no estamos, precisamente, como para ir por la vida de condescendientes. Eso pueden hacerlo los grandes, los que no tienen en la cabeza que se están jugando el culo. Nosotros bastante tenemos con encontrar un sitio donde nos dejen actuar, y encontrar fuerzas para luchar otro día. Bastante tenemos con que coincidan nuestros horarios entre trabajo y trabajo o clase y clase, bastante tenemos con que se nos dé por escribir y actuar nuestro propio mensaje. Bastante tenemos con no desfallecer ante las señoras que asoman la nariz en el centro cultural mientras ensayamos, o ante los errores administrativos que hacen que lleguemos y no tengamos aula, o ante no tener un puto duro.

Laura ha escrito una obra sobre el fracaso y las maneras de afrontarlo, entre otras cosas (¿podría responder esto al sempiterno "¿y de qué va?"). Creo que aún no somos conscientes de las múltiples ironías que vamos a encontrarnos a lo largo del camino... Es normal, cuando te paras a pensar en todo lo que has invertido. Y todo esto... ¿por qué? ¿Un aplauso? ¿Una palmadita? ¿La posibilidad del dinero, algún día? ¿Por la promesa del cántaro de leche?

Por ahora, mejor no pensar mucho en ello. Aunque sí pensamos en usted, señor espectador. Como dice la canción... "¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón".

martes, 17 de noviembre de 2009

miércoles, 11 de noviembre de 2009

En la mente del monstruo

Y sus formas de poder. Porque los tiranos son humanos. Porque hay humanos que quieren ser tiranos.






martes, 10 de noviembre de 2009

Escena 20

Hoy ensayamos esta escena con Carolina y Cayetana... Aquí el inicio.


CAYETANA y CAROL espalda contra espalda. Intentan abrazarse. La imposibilidad en dos planos convexos.

En el interior de cada una, algo agoniza.

De repente, CAROL se pone en pie y hace su gesto psicológico con sonido.

CAYETANA no reacciona.

CAROL vuelve a repetirlo.

CAYETANA se tumba y cierra los ojos. Parece que duerme.

CAROL repite una y otra vez su gesto como si se rompiese por dentro.

CAYETANA cada vez más inmóvil.

CAROL- Está decidido.

No me fuerces a repetirte las razones.

Pese a todo siempre será único.

Gracias a todo, cuando me adentre en una multitud y tropiece con tu cara, ambas nos reconoceremos. Da igual el tiempo que pase o las máscaras que nos hayamos puesto. Me mirarás fijamente y hallarás entreabierta mi memoria, aunque me asfixie la pena esa noche o nos maldigamos como dos viejos estafadores cazados en idéntico fraude.

Habrá un pedazo de mí repicando en tu saludo y una pregunta en el aire que no deberíamos resolver.

He procurado hacerlo lo mejor posible pero podría haberlo hecho mejor. Aún así no pienso pedirte perdón porque he actuado de buena fe. Y fe en ti no me ha faltado un instante. No es la falta de fe la que nos ha aniquilado.

(............)


¿Hay alguien ahí? Pues no nos dejen solos.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Escena 2

Recuerden: texto de Laura Rubio con próximo estreno en Enero. Otro fragmento:

CS.- Podéis mirarme y pensar: éste es un gilipollas. No lo hacéis porque confiáis en mí.

Todas las mañanas me pregunto qué pinto yo entre vosotros. No tengo garantía alguna de que esto vaya a salir bien, ni siquiera de que vaya a salir adelante. He colaborado antes, en proyectos mejores y al final, ha resultado un fiasco.

¿Pero sabéis por qué éste va a funcionar? Yo os lo voy a decir: Compromiso.

Todo se va sistemáticamente a la mierda cuando no existe un compromiso real del grupo. Al principio, muchas ganas, mucha ilusión, mucha fantasía... y en el primer ensayo llegamos cinco minutos tarde, en el segundo se nos ha olvidado el texto, en el tercero -tenía médico- o fiebre o a mi puta abuela agonizando en el hospital. Y el cántaro de la leche al suelo.

A tomar por culo el gran éxito.

He aceptado el encargo porque el texto lo vale. Bruckner es un autor poco conocido pero valiente. Un visionario en muchos aspectos y un ingenuo en tantos otros. Con el debido ajuste, rescataremos el coraje necesario para enfrentarnos a nuestro mundo sin desviar la mirada.

No os lo voy a poner fácil. Nada de concederos cinco minutos para que el que no esté convencido salga huyendo como una rata. A partir de ahora, hasta las ratas van a tener que dar la cara, y me consta que hay más de una camuflada de actriz.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Escena 2.1

Un pequeño adelanto para desconcertar al personal. Escena escrita por Laura Rubio para el nuevo proyecto. De vez en cuando pondremos algo, sólo por si a alguien le pica la curiosidad.


NR vestida de cajera de supermercado.

CARLOS.- Si sigues aquí es porque sabes que puedo ayudarte. Tienes talento pero aún te queda un largo camino por recorrer. Yo estoy contigo. No se lo digas a tus compañeros; son demasiado envidiosos como confidentes. Están en pleno proceso de transformación, se van a convertir en monstruos. Serán mis monstruos. Lo digo bien alto, con todo el orgullo del mundo. Su transformación es mi transformación. Algún día superarán al Maestro. Y yo he sido alguien realmente importante. Realizaran prodigios, lo destruirán todo o ambas cosas. Les estoy preparando para que cuando hayan coronado la cima estallen en lo más alto, dejando un paisaje arrasado, un campo inmenso de cadáveres exquisitos.

NAIRA.- ¿Y yo?

CARLOS.- Contigo vamos a probar.

NAIRA.- De acuerdo.

CARLOS.- Pero qué bonita eres.

NAIRA.-¿Por dónde comenzamos?

CARLOS.- Por quitarte esa ropa.

(...)






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.