martes, 10 de noviembre de 2009

Escena 20

Hoy ensayamos esta escena con Carolina y Cayetana... Aquí el inicio.


CAYETANA y CAROL espalda contra espalda. Intentan abrazarse. La imposibilidad en dos planos convexos.

En el interior de cada una, algo agoniza.

De repente, CAROL se pone en pie y hace su gesto psicológico con sonido.

CAYETANA no reacciona.

CAROL vuelve a repetirlo.

CAYETANA se tumba y cierra los ojos. Parece que duerme.

CAROL repite una y otra vez su gesto como si se rompiese por dentro.

CAYETANA cada vez más inmóvil.

CAROL- Está decidido.

No me fuerces a repetirte las razones.

Pese a todo siempre será único.

Gracias a todo, cuando me adentre en una multitud y tropiece con tu cara, ambas nos reconoceremos. Da igual el tiempo que pase o las máscaras que nos hayamos puesto. Me mirarás fijamente y hallarás entreabierta mi memoria, aunque me asfixie la pena esa noche o nos maldigamos como dos viejos estafadores cazados en idéntico fraude.

Habrá un pedazo de mí repicando en tu saludo y una pregunta en el aire que no deberíamos resolver.

He procurado hacerlo lo mejor posible pero podría haberlo hecho mejor. Aún así no pienso pedirte perdón porque he actuado de buena fe. Y fe en ti no me ha faltado un instante. No es la falta de fe la que nos ha aniquilado.

(............)


¿Hay alguien ahí? Pues no nos dejen solos.

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“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.