miércoles, 30 de diciembre de 2009

Quedarse (o no) con las ganas

He empezado con un nuevo proyecto. Me he metido, yo solita, en un lodazal hermoso y toda contradicción es poca a la hora de contar. Porque de eso va, de contar. Contar historias, contar milongas, contar contigo (sí, contigo) y a veces contar hasta diez o hasta cien.
Cuando me enfango en otras letras, como el amante entusiasmado ante el cuerpo nuevo que devorar, siento que me he quedado por el camino de la fábula. Acaba el año teatral y vital, y arrastro vidas no vividas y experiencias que compartí con mis chicos. También, aquellas que no tuve oportunidad de vivir pero que deseé vivamente. Quizás este año me ha pasado más por dentro de lo que quisiera. Me ha pasado por encima y, encima de un escenario, afortunadamente.
Y eso ha sido gracias a vosotros, únicamente a vosotros, que os habéis convertido en mi odiada familia sin la que no se puede estar.
Por eso, a un suspiro del bendito 2010, no puedo ni quiero quedarme con las ganas  de daros las gracias y de recordarme, teclado en mano, que el teatro es cosa de dos o de tres, de cuatro... y todos estais ahí: frente a la pantalla, en la butaca, contra nosotros y a favor de lo nuestro. Como un secreto o una maldición que se escapa de la boca.
Y YO AQUÍ, PERDIENDO EL MIEDO DE ESCRIBIRLO.

GRACIAS Y FELIZ, FELIZ AÑO NUEVO. 

2 comentarios:

Nacho Ortega dijo...

¡Gracias a ti por cederme una de esas vidas!

Yolapeordetodas dijo...

2009 tuvo sus más y sus menos pero creo que 2010 va a ser, definitivamente, nuestro año. Ya veremos. A fin de cuentas empieza una década nueva y ésta sí que tiene que ser la nuestra. Tú piérdete en palabras, porque sin eso no las podemos encontrar! Te estoy preparando un pequeño regalo. Mientras tanto, gracias.






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.