Cuando me enfango en otras letras, como el amante entusiasmado ante el cuerpo nuevo que devorar, siento que me he quedado por el camino de la fábula. Acaba el año teatral y vital, y arrastro vidas no vividas y experiencias que compartí con mis chicos. También, aquellas que no tuve oportunidad de vivir pero que deseé vivamente. Quizás este año me ha pasado más por dentro de lo que quisiera. Me ha pasado por encima y, encima de un escenario, afortunadamente.
Y eso ha sido gracias a vosotros, únicamente a vosotros, que os habéis convertido en mi odiada familia sin la que no se puede estar.
Por eso, a un suspiro del bendito 2010, no puedo ni quiero quedarme con las ganas de daros las gracias y de recordarme, teclado en mano, que el teatro es cosa de dos o de tres, de cuatro... y todos estais ahí: frente a la pantalla, en la butaca, contra nosotros y a favor de lo nuestro. Como un secreto o una maldición que se escapa de la boca.
Y YO AQUÍ, PERDIENDO EL MIEDO DE ESCRIBIRLO.



