miércoles, 28 de abril de 2010

The Show Must Go On

Sí, no habíamos chapado el chiringuito aunque la diferencia entre fechas de post haga pensar lo contrario.
No, señores, disculpen el abandono. Y es que aunque es probable que este diario virtual sólo lo leamos los miembros de ésta pequeña y accidentada compañía, siempre nos ha gustado pensar que hay un público ahí fuera, como en nuestros espectáculos, y por eso debemos tener nuestra casa digital aseada y bien atendida.
Obviamente han sucedido cosas en lo personal que nos han impedido cuidar, o mimar, como se merece, éste espacio de ideas en común. Pero aquí estoy, escribiendo, así que ahora mismo lo enmendamos.
En lo teatral, nuestro querido "Proyecto Bruckner" fue estrenado sin mayores complicaciones el pasado 22 de abril en el Teatro Principal de Pontevedra. Después hicimos una función el 30 de abril en Madrid. Fotos y videos en breve, palabra.
Es probable que aquí nadie haya dicho nada en todo este tiempo porque Bruckner nos ha chupado la sangre cual sanguijuela. Para mí, personalmente, es mi mayor triunfo. Es el montaje más puro, más arriesgado y más agotador que he hecho nunca. No puedo explicar lo orgullosa que estoy de mi equipo, de mi reparto, de mi equipo artístico, de mi querida hermana mayor (entiéndase autora), de mi coach de actores, lo orgullosa que estoy, incluso, de toda la gente que vino por compromiso y entendió lo que puedo y se cansó, pero aguantó hasta el final. También me llena de orgullo (que no satisfacción, eso es para otro tipo de gentes) que hubiera parte del público que entrase en sintonía con la obra.
Estoy feliz profesionalmente hablando. Sé que Bruckner llena un hueco y que lo demostraremos pronto, si nos dan espacios para mostrarla. Eso se hará a partir de ahora, con video y dossier en mano. No estamos pidiendo ya una oportunidad. Estamos ganándonos el hueco.
Ahora bien. Como toda obra en la que una pone parte de sí misma, y hablo a título personal, desde luego, Bruckner me ha pedido cosas a cambio de salir como una obra tan bonita y tan valiente. Me pidió parte de mi alma, y yo se la he dado. Así que, como dice la canción, estoy jodida pero contenta.
De los montajes siempre hay que sacar una conclusión, pero yo no la había visto hasta ahora.
Los primeros días no fue así. Los primeros días quise quemar el texto o tirarme por un puente. Voy a contar algo personalísimo, por qué no, no sería la primera vez... me ocurre a menudo, últimamente, que a veces me despierto de golpe con una imagen concreta en la cabeza: una en la que siempre, de un modo u otro, me pego un tiro. Siempre con pistola. Me vuelo la tapa de los sesos. Curiosamente siempre suelo hallar una extraña paz en la imagen, y o me vuelvo a dormir o me como el desayuno como si aquí no hubiera pasado nada. No se apuren, si me estoy volviendo loca mejor, así venderemos más. El caso es que tenía esa sensación permanentemente cuando pensaba en la obra los días posteriores a las funciones. Me quería pegar un tiro, o quería matarla, si es que es posible matar algo intangible. Pensaba muchas veces: "He fallado". Y el caso es que cuando lo pensaba profundamente, nunca podía esclarecer en qué había fallado exactamente. Pero me lo repetía y me lo repetía. Así hasta joderme la vida y hacerme cada vez más pequeña.
Ahora no estoy en Madrid. Tuve que huir de Madrid. He dejado atrás a la compañía, a mi pequeña familia, tantas partes de mí que lo que Bruckner me pidió a cambio de la obra me parece poco, casi nada. Dicen que la distancia (y el tiempo) dan perspectiva y ahora sé en qué fallé: aún no me creo la profesión que he elegido. Aún no me creo capaz de comandar, de competir, de dirigir, de liderar o de iluminar. Qué derecho tengo yo en este mundo de mierda. Qué autoridad, qué ejemplo. Ninguno, probablemente. Pero lo bonito es que da igual lo que yo piense o sienta, porque si yo no me creo capaz vendrá otro en mi lugar que a lo mejor está menos formado o tiene menos cosas que contar, pero tiene ganas, y arrojo y coraje y lo hará, y yo estaré en el sofá de mi casa inflándome a palomitas delante de la tele y le veré recoger premios Max o haciendo una entrevista y mascullaré: "Ah, no tienes ni puta idea". Pero seguirá siendo él, o ella, seguirá siendo el otro el que tuvo el valor a saltarse la autoridad y simplemente HACER, y seguir hacia adelante, como decía Carolina en la obra: "Adelante, adelante, siempre hacia adelante; sin pasado no hay temor".

Gracias, chicos, gracias Laura. Siempre estoy dando las gracias, soy una jodida sensiblera de mierda. Pero es que ahora sé que tengo que dejar de luchar. Tengo que dejar de querer hacerme mayor porque es lo que se espera de mí. Nunca voy a serlo. No quiero serlo. Que vengan a por mí si quieren. Yo me quedo aquí. Con vosotros. Entre las líneas de los textos, buscándome y buscándoos y buscando a la gente entre la oscuridad del teatro.

Gracias Proyecto Bruckner por quitármelo todo. Ahora lo entiendo.

3 comentarios:

Laura dijo...

Pues si ahora lo entiendes, entiendes mi sentimiento. La sensación de que te has abierto en canal y que ya nada será igual que antes (no pregunte por qué, lo sé)
Si ahora estás, más que nunca conmigo, vamos a HACER y a demostrarlo con hechos.
No eres una sensiblera, eres tú ¿te suena?
Adelante, siempre adelante. Sin pasado no hay temor.

Elena Guevara dijo...

Sois geniales, digo. Es maravilloso lo que escribes, y no sabes cómo te entiendo en estos momentos de mi vida. Pero creo, nena, que ya eres mayor, porque si madurar es asumir lo que uno es y seguir adelante con ello (es más y disfrutarlo, aunque duela) tú vas por el mejor de los caminos: el tuyo, el auténtico, el tuyo (no, no me estoy repitiendo, el auténtico es tuyo porque es auténtico y es auténtico porque es tuyo). Mua!

fpt dijo...

Qué bonitas sois y yo qué tonta...






“(…) La ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen colgar de allí por sí mismas, sin ayuda alguna. Pero cuando se tuerce la tela, cuando se la levanta por una orilla, se la rasga por el medio, recordamos que esas telas de araña no las tejen en medio del aire criaturas incorpóreas, sino que son la obra de seres humanos que sufren y están atados a cosas groseramente humanas, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.”



-Virginia Woolf. “Una habitación propia”. Capítulo 3.